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miércoles, 4 de julio de 2018

Algo ha cambiado en mi. 28 de mayo de 2018




Mi trabajo es un regalo la mayoría de las veces, sobre todo cuando ves la evolución y los cambios de las personas que se sientan frente a mí. Os quiero compartir la carta de despedida, previa autorización, de una gran mujer, que vino dañada y se fue fortalecida. Ella mejor que nadie narra el resurgir de las cenizas. Gracias por tu confianza.


Foto de Ryan McGuire


"El 25 de diciembre yo también tuve mi regalo de Navidad, aunque en ese momento no pensé que lo fuera y cuando lo abrí y lo vi, lloré, grité, sufrí y hasta por un momento me creí enloquecer…ya me habían intentado dar ese regalo en otras ocasiones, pero siempre lo había rechazado porque imaginaba lo que había dentro y sabía que cuando lo tuviera de verdad entre mis manos, ya no podría devolverlo y eso me asustaba y me asustó.

Desde el primer momento supe que estaba recibiendo algo tan trascendental que como no fuera capaz de darle la importancia debida y encontrar el lugar apropiado donde colocarlo, me haría daño por siempre, así que estaba claro que necesitaba mucha ayuda para armar el puzzle. Y así llegué a ti Mamen, para que tú como profesional me dijeras en esa primera sesión: “sí S., has sido una mujer maltratada” y me explicaras que era el círculo del maltrato y empezaras a compartir conmigo las claves que otras usaron para transformar un regalo en el que al principio se vislumbra una foto espantosa, en otra llena de luz, calma y camino por andar.

Estos meses han sido de los más duros que he vivido. Como es cierto que cuerpo, mente y corazón están unidos, todo mi ser se declaró en huelga y dejó de funcionar y por un momento pensé que mi estrella, de la que tanto he presumido siempre, se apagaba, así que tenía que esforzarme más que nunca por seguir sintiéndola. Muchas veces confieso haber pensado: “no se sí esto sirve para algo, al final hablo, hablo, hablo y lo que digo ya me lo sé…” pero claro que servía!! armaba discurso y tú infiltrabas entre mis palabras esa luz que yo tanto ansiaba y que se encendía en los momento más necesarios y las cosas pasaban como tú las vaticinabas y eso me empoderaba, porque cuando volvía a tener ante mí otra situación de conflicto, respiraba y salían tus “no tienes qué..elige qué” y tantas otras frases que ya son parte de mis mantras vitales.

Y ahora que echo la vista atrás, sintiendo lo bueno que es poder hacerlo porque eso significa que hay cosas que ya son pasado, recuerdo a mi amiga S. que me dijo: “reconocerse como mujer maltratada tiene una parte desgarradora, pero también una parte preciosa de sentir que aprendes, de despertar en ti curiosidad hacia temas a los que nunca te habías asomado y yo, que te conozco, sé que llegarás a esa parte pronto…”

Y hoy me siento muy orgullosa de mi misma porque efectivamente creo que he llegado a esa parte pronto aunque al principio la veía tan lejana…y es que ha sido todo tan intenso. Meses de sentirme que estaba dentro de un culebrón, de sentir que cada día me hundía un poco más, de descubrirme diferente a como me creí, de imágenes, situaciones, palabras que se repetían en mi cabeza una y otra vez cual obsesión que me debilitaba. Sentir que una guillotina había cercenado mis principios que siempre fueron mis pies y se había apoderado de mi la incomprensión, la rabia, el dolor, la vulnerabilidad…De repente la reina del pragmatismo, la que siempre tiene respuesta y opinión para todo y ante todo aunque esta opinión no sea la acertada, se había quedado sin palabras, sin un camino a seguir, me  sentía herida de muerte y eso da tanto tanto miedo y el miedo paraliza y retroalimenta todos estos sentimientos, así que decidí que era lo primero que tenía que expulsar de mi vida y en esta historia el miedo tiene nombre y apellido, se llama B. L. y le identifico como el mal.

Entender porque había permitido que el mal se enganchara a mí como una garrapata, que anulaba mi voluntad, que me hacía hacer cosas que nunca pensé que haría, descubrir que esto no sólo tiene que ver conmigo sino con un mal mucho más grande, endémico y estructural que vivimos las mujeres en el mundo, empezar a sentirme parte de algo, encontrar respuesta y espejo en muchas , empezar a ser yo también espejo de otras, centrar, serenar, aprender, permitirme sentir, llorar, reconocer y asumir mi vulnerabilidad, mis emociones, replantearme lo que quiero y como quiero ser y actuar a partir de ahora, desgranar hasta separar lo negativo de lo positivo y decidir con que quedarme, .. todo esto y mucho más, ha sido el camino que he andado de tu mano.

Mamen gracias por centrar, iluminar y  ser mi abrazo necesario. Hoy siento que lo hemos conseguido, hoy ha vuelto a salir el Sol."
S. T.


Algo está cambiando


Algo está cambiando en mi, creciendo

Algo está cambiando en ti, lo siento 
Me voy a buscar una luz pa iluminar 
Todos estos momentos 
Dejando todo lo que tenga que dejar 
Y seguir creciendo

Soy lo que soy lo que tengo que ser 

Voy a donde voy sin tener que perder 
Soy lo que soy lo que tengo que ser 
Voy a donde voy sin tener que perder

Me estoy liberando del tiempo soledad 

Y es un sentimiento 
Y es un sentimiento 
Estoy caminando conciencia libertad
Camino despierto camino despierto

Algo está cambiando en mi, puedo verlo 

Algo está cambiando en ti, algo bueno 
Me voy a buscar un sonido pa cantar 
Todo este silencio 
Cambiando todo lo que tenga que cambiar 
Y seguir creciendo

Me estoy liberando del tiempo soledad 

Y es un sentimiento 
Y es…



jueves, 28 de diciembre de 2017

Permítete ser, para sentirte bien.

Si hasta ahora te has propuesto obligaciones, imposiciones, compromisos, deberes, exigencias... muchas de ellas sin un origen definido, producto de costumbres familiares y sociales; y el resultado es insatisfacción, desgana, estrés, ansiedad, tristeza, rabia, impotencia, frustración...

Puede que necesites darte permiso a partir de ahora.

- Que te permitas sentir tus emociones y notar cómo pasan.

- Que te permitas cometer errores y aprender de ellos.

- Que te permitas aceptar tu grandeza, incluidas tus imperfecciones y fallos.

- Que te permitas decir NO a lo que te daña.

- Que te permitas decir que sí a lo que te hace bien.

- Que te permitas cuidarte y darte el valor que mereces.

- Que te permitas pensar sin engancharte a ningún pensamiento en concreto.

- Que te permitas saber qué quieres.

- Qué te permitas ser tú.

A partir de ahora, permítete para sentirte bien. Suelta exigencias.



Si necesitas ayuda para empezar el cambio que necesitas, llámame. A veces la solución está más cerca de lo que necesitas.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Sobre montañas rusas. ¿Qué ha supuesto la terapia en mi vida?

Cuando acaba un proceso de psicoterapia, sea en la fase que sea, pido que hagan un balance de todo su proceso. Yo también lo hago. Es una forma de cerrar un ciclo, de poner en perspectiva lo logrado y evolucionado. Os quiero mostrar un testimonio muy motivador. Devoluciones así son un regalo en sí mismo. Con el consentimiento de ella os lo comparto eliminando algunas partes pare evitar identificarla.

Querida Mamen

La verdad es que me pediste que te diera mi “feedback” sobre lo que ha sido una relación personal-profesional bastante especial para mí y me ha costado ponerme a ello. En parte por la falta de tiempo y por otra parte, porque significa que empiezo a caminar sola lo cual es un abismo al que no estoy segura de saberme enfrentar.

[...] Creo que el progreso está claramente ahí y creo que he aprendido mucho. También mi personalidad me empuja a fijarme en todo lo que no he conseguido y la especie de meseta de progreso en la que siento que he caído.

Una de las cosas que me han gustado de tus sesiones es la cantidad de herramientas que has usado. Como bien sabes o te imaginas, dibujar y escribir me encantaron, me ayuda mucho poner mi arte en un papel y hacer que quede bonito algo que en la realidad es bastante feo. La meditación ha sido una de las técnicas de las que quizá he sido más reacia a acoger, pero por muy poco interés que despertase en mí, tengo que admitir que al final me ayudó en los momentos clave y me ayudó a desbloquearme. Otra de las cosas que recuerdo que me costó un montón fue expresar mis emociones de forma física -soltar un puñetazo a un cojín- sin embargo, creo que me sirvió para darme cuenta de la cantidad de rabia que tenia enquistada. Por último, aprender a verbalizar a contar a la gente lo que me pasa o como me pasa o aprender yo misma a identificar mis emociones y decir: “eh que lo que me pasa es esto” me ha ayudado un montón.

Rememorar nuestras pequeñas reuniones me esta ayudando a recordar una de las cosas que me explicaste que yo he utilizado con medio mundo que me ha pedido consejo: se puede ser fuerte y vulnerable a la vez, y uno no deja de ser fuerte por mostrarse vulnerable. Y esto lo he aplicado a mil millones de tipos de cosas que la gente me ha contado. Otro de tus consejos estrella para mi fueron las profecías autocumplidas, también lo he usado muchas veces para otros y para mi cuando intento explicar porque ese constante autoboikoteo personal al que me someto. La fuerza que tienen nuestros pensamientos y las imágenes que nos creamos sobre nosotros mismos es algo que me parece mágico. Otro de los que me abrió los ojos fue aceptar que todos tenemos diferentes husos horarios y como no es ni mejor ni peor llegar antes o después, creo que eso si lo aplico a muchas cosas y ahora he aprendido a tratar de compararme menos en los demás.

Me alegro de haber podido compartir contigo toda mi relación poco sana con la comida y mi cuerpo. Es algo que honestamente no se como voy a solucionar. Creo que hoy me quiero más que ayer y menos que mañana, quiero pensar que el amor hacia mi persona crece día a día aunque es algo que me cuesta extremadamente. [...] Creo que he progresado en este tema contigo, no tengo duda de que el simple hecho de haberlo hablado y de que no me hayas juzgado ha sido un progreso enorme. A parte de todo lo que hemos trabajado sobre la aceptación.

Hoy en día me pregunto si será que estoy rota. Si será que de verdad me he olvidado de ser feliz. O si será que esta última época he forzado tanto la máquina que ahora es cuestión de reajustarla. Yo sé que puedo mejorar todo esto y se que tengo el montón de herramientas que me has aportado. Es una cuestión de ponerlas en practica y activamente hacer por salir del hoyo.

[...]

Eres una molona de las buenas Mamen, eres una gran profesional y una buena amiga. Espero que la vida te vaya bonita, de morado, con muchos desayunos en familia, muchas tardes de manta-sofa y libro y un montón de experiencias compartidas para seguir cultivando tu plasticidad cerebral.

Muchas gracias por subirte conmigo en mi montaña rusa personal de estos 4 últimos años y por todos los abrazos que me has enseñado a dar.

Un beso grande.


La vida sigue, con altibajos, subiendo y bajando. Como sobre montañas rusas.
Unas veces con decisión, otras con duda. Con miedo, con alegría. Con seguridad, con incertidumbre. Sea como fuere, hay esperanza y deseo, coraje.

Me siento agradecida por la confianza depositada en mí, y por el trabajo realizado.

GRACIAS.


martes, 29 de septiembre de 2015

Tres enfoques de psicoterapia. Entrevistas a Gloria.




Tres enfoques de psicoterapia es una serie de 3 documentales, filmados y dirigidos por Dr. Everett Shostrom en 1965, de gran valor e importancia clínica. En estos tres vídeos se puede ver a 3 maestros de la psicoterapia del siglo XX, cada uno desde su teoría y su estilo, entrevistar a Gloria, la misma paciente voluntaria, una mujer de 30 años, divorciada y con una hija, quién generosamente se prestó a la experiencia.






En los tres casos el problema tratado es el mismo, lo que proporciona una oportunidad excepcional de conocer no solo sus métodos de análisis y terapia respectivos, sino también la diferencia de enfoque entre ellos. Espero que su visionado ayude a entender un poco mejor lo que puede llegar a ocurrir en una sesión de psicoterapia.

Lo que ocurre en cada sesión de psicoterapia es muy privado y personal, por eso, esta singular experiencia nos permite ver lo diferente y complejo que puede llegar a ser cada relación de psicoterapéutica.

En este primer vídeo, podemos ver a Carl Rogers, uno de los creadores de la corriente humanista, y creador de la terapia centrada en la persona. En el video podemos destacar actitud empática y poco intervencionista del terapeuta y seña de identidad de su escuela.



Según Rogers un terapeuta ha de tener tres cualidades “necesarias y suficientes” en la relación terapéutica


- Congruencia. Ser genuino; ser honesto con el paciente.
- Respeto. Aceptación, preocupación positiva incondicional hacia el paciente.
- Empatía. La habilidad de sentir lo que siente el paciente.









En este segundo vídeo podemos ver al co-creador de la terapia Gestalt, Fritz Perls, centrado en el aquí y ahora.


Para Perls, el ser humano ha vivido cumpliendo las expectativas, deseos y mandatos de otros. El crecimiento personal pasa por enfrentar la frustración y el dolor. Su actitud es bastante confrontadora.




Por último, vemos a Albert Ellis, que desarrolló la terapia racional emotiva conductual, con una actitud más educativa.


Para Ellis, los pensamientos son prioritarios para cambiar a partir de ellos las conductas y/o emociones.



¿A quién elegiríais  vosotros? ¿A quién creéis que eligió Gloria para continuar su psicoterapia?


La hija de Gloria, Pammy en los vídeos, escribió años después la conmovedora historia de su madre, más allá de los vídeos.


A través de este emotivo libro podemos saber que continúo una bella amistad con Rogers, hasta la muerte de Gloria por cáncer cuando tenía 40 años. Aunque al principio dijo que su terapeuta favorito fue Perls, pese a la reacción ambivalente que podemos ver en el vídeo.


Con Ellis, manifestó no sentirse demasiado cómoda.


Si los vídeos no tiene precio por su valor instructivo y no puedo dejar de sentir mi mayor gratitud por la valentía de Gloria, no menos valioso y valiente es el libro de su hija.





jueves, 30 de octubre de 2014

Cuidarse para cuidar. La necesidad de prestarnos atención como profesionales de la ayuda.



“Ser capaz de prestarse atención a uno mismo es requisito previo para tener la capacidad de prestar atención a los demás; sentirse a gusto con uno mismo es la condición necesaria para relacionarse con otros” (Ética y Psicoanálisis. Erich Fromm).

Ejerzo una profesión fascinante y bella. Acompañar a alguien que se encuentra mal, a sentirse mejor es tremendamente gratificante, tanto que en nuestro deseo de ayudar a sanar a los demás podemos olvidarnos de nosotros mismos, no hay que dejar de lado que más allá de profesionales también somos personas; personas en constante contacto con el malestar y el dolor ajeno, cuando no con sus traumas.

No somos inmunes a este dolor. Igual que no lo somos al virus de la gripe, podemos intentar no contagiarnos tomando ciertas medidas de protección; o actuar aliviando, si ya ha habido un contagio, en el que hemos hecho propio parte del dolor o malestar ajeno. Desafortunadamente, creo que la diferencia con la gripe reside en que en nuestro caso no disponemos de una vacuna que nos inmunice. Ante esto me pregunto: ¿Podemos centrarnos, de tal modo, en la angustia de las personas a las que atendemos pasando por alto nuestro creciente malestar? ¿Es sano para nosotros no tenernos en cuenta, no protegernos? 



El desgaste físico y emocional supone un proceso continuo, no son esporádicos. Habitualmente, no valoramos bien los riesgos de nuestra profesión,  o cualquiera enfocada a la ayuda, porque cualquiera de nosotros puede verse afectado laboralmente siendo vulnerables al impacto de los traumas de nuestros clientes. Esto nos puede llevar a la fatiga por compasión, el trauma vicario, el agotamiento físico y mental, si no somos conscientes del estado de nuestro cuerpo y nuestra mente, resintiéndonos nosotros y nuestro entorno. Puede llevar incluso a plantearnos el abandono de la profesión o del campo de trabajo.

El acto de cuidar del otro implica ante todo, la necesidad de conocerse y saber protegerse, así como el saber canalizar nuestra entrega durante el proceso de cuidado. El cuidador profesional en teoría se hace desde la elección, y supuestamente, desde el soporte y la formación adecuados. Sin embargo, a veces nos negamos las cautelas necesarias. Casi siempre, por diferentes motivos, que no voy a entrar a valorar ahora. Contar con la red de apoyo adecuada, o la supervisión externa de situaciones y/o casos difíciles, son ejemplos de autoprotección y desahogo de nuestra necesidad de cuidarnos. 

Es responsabilidad del cuidador profesional tener la preparación y formación adecuados, también debe velar por su equilibrio emocional y por la salud física y mental. No basta con saber, hay que poner los medios para el propio bienestar. Sin correr el riesgo de perjudicar a las mismas personas a las que pretendemos ayudar. Creernos invulnerables es lo que nos transforma en “sujetos de alto riesgo”.

¿Alguna vez hemos analizado si nuestro malestar parte de nuestro quehacer profesional?

Manejar una serie de principios y conceptos teóricos básicos como la empatía somática, o como responde el Sistema Nervioso Autónomo ante el trauma, así como descubrir destrezas destinadas a maximizar el autocuidado del terapeuta en relación a su trabajo, nos ayudaran a no perdernos a nosotros mismos y no fusionarnos con las personas a las que pretendemos ayudar.

A cada uno de nosotros nos corresponde encontrar nuestra propia combinación de estrategias para hacernos cargo del manejo de los riesgos que podrían derivar en la fatiga por compasión, el trauma vicario o el síndrome de burnout, para seguir ayudando adecuadamente. 

Algunas estrategias y recursos van, desde reconocer nuestro auto diálogo durante las sesiones (cómo procesamos la información dada por la persona a apoyar), conocer que tipo de imágenes creamos de los relatos, ejercicios corporales para controlar el reflejo somático, revisar la activación durante las sesiones, crear un espacio de trabajo protector, o incluso rituales de limpieza. Sin olvidar las supervisiones clínicas y sanar nuestra propia experiencia personal.

Se elijan las que se elijan, siempre tener presente la necesidad de auto cuidarse y auto protegerse. El mejor indicador para evaluar si estamos sufriendo los efectos de nuestro trabajo somos nosotros mismos, nos conviene conocernos tan bien como podamos. Tener el control de nuestros talentos y también de nuestras limitaciones.

Para finalizar unas preguntas para la reflexión… ¿sientes la necesidad de cambiar de trabajo, ya no te motiva, o te afecta personalmente? ¿Hay pacientes/clientes/usuarios con los que te sientes especialmente incómodo?.¿Has dejado de tener interés por las cosas que antes te atraían de tu trabajo? ¿Te cuesta mantener la atención durante las sesiones?.... Si has contestado afirmativamente a alguna de estas preguntas, puede que necesites revisar tu nivel de autocuidado y autoprotección, y solicitar ayuda y supervisión.

Un saludo y a cuidarse.