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jueves, 7 de diciembre de 2017

Sobre montañas rusas. ¿Qué ha supuesto la terapia en mi vida?

Cuando acaba un proceso de psicoterapia, sea en la fase que sea, pido que hagan un balance de todo su proceso. Yo también lo hago. Es una forma de cerrar un ciclo, de poner en perspectiva lo logrado y evolucionado. Os quiero mostrar un testimonio muy motivador. Devoluciones así son un regalo en sí mismo. Con el consentimiento de ella os lo comparto eliminando algunas partes pare evitar identificarla.

Querida Mamen

La verdad es que me pediste que te diera mi “feedback” sobre lo que ha sido una relación personal-profesional bastante especial para mí y me ha costado ponerme a ello. En parte por la falta de tiempo y por otra parte, porque significa que empiezo a caminar sola lo cual es un abismo al que no estoy segura de saberme enfrentar.

[...] Creo que el progreso está claramente ahí y creo que he aprendido mucho. También mi personalidad me empuja a fijarme en todo lo que no he conseguido y la especie de meseta de progreso en la que siento que he caído.

Una de las cosas que me han gustado de tus sesiones es la cantidad de herramientas que has usado. Como bien sabes o te imaginas, dibujar y escribir me encantaron, me ayuda mucho poner mi arte en un papel y hacer que quede bonito algo que en la realidad es bastante feo. La meditación ha sido una de las técnicas de las que quizá he sido más reacia a acoger, pero por muy poco interés que despertase en mí, tengo que admitir que al final me ayudó en los momentos clave y me ayudó a desbloquearme. Otra de las cosas que recuerdo que me costó un montón fue expresar mis emociones de forma física -soltar un puñetazo a un cojín- sin embargo, creo que me sirvió para darme cuenta de la cantidad de rabia que tenia enquistada. Por último, aprender a verbalizar a contar a la gente lo que me pasa o como me pasa o aprender yo misma a identificar mis emociones y decir: “eh que lo que me pasa es esto” me ha ayudado un montón.

Rememorar nuestras pequeñas reuniones me esta ayudando a recordar una de las cosas que me explicaste que yo he utilizado con medio mundo que me ha pedido consejo: se puede ser fuerte y vulnerable a la vez, y uno no deja de ser fuerte por mostrarse vulnerable. Y esto lo he aplicado a mil millones de tipos de cosas que la gente me ha contado. Otro de tus consejos estrella para mi fueron las profecías autocumplidas, también lo he usado muchas veces para otros y para mi cuando intento explicar porque ese constante autoboikoteo personal al que me someto. La fuerza que tienen nuestros pensamientos y las imágenes que nos creamos sobre nosotros mismos es algo que me parece mágico. Otro de los que me abrió los ojos fue aceptar que todos tenemos diferentes husos horarios y como no es ni mejor ni peor llegar antes o después, creo que eso si lo aplico a muchas cosas y ahora he aprendido a tratar de compararme menos en los demás.

Me alegro de haber podido compartir contigo toda mi relación poco sana con la comida y mi cuerpo. Es algo que honestamente no se como voy a solucionar. Creo que hoy me quiero más que ayer y menos que mañana, quiero pensar que el amor hacia mi persona crece día a día aunque es algo que me cuesta extremadamente. [...] Creo que he progresado en este tema contigo, no tengo duda de que el simple hecho de haberlo hablado y de que no me hayas juzgado ha sido un progreso enorme. A parte de todo lo que hemos trabajado sobre la aceptación.

Hoy en día me pregunto si será que estoy rota. Si será que de verdad me he olvidado de ser feliz. O si será que esta última época he forzado tanto la máquina que ahora es cuestión de reajustarla. Yo sé que puedo mejorar todo esto y se que tengo el montón de herramientas que me has aportado. Es una cuestión de ponerlas en practica y activamente hacer por salir del hoyo.

[...]

Eres una molona de las buenas Mamen, eres una gran profesional y una buena amiga. Espero que la vida te vaya bonita, de morado, con muchos desayunos en familia, muchas tardes de manta-sofa y libro y un montón de experiencias compartidas para seguir cultivando tu plasticidad cerebral.

Muchas gracias por subirte conmigo en mi montaña rusa personal de estos 4 últimos años y por todos los abrazos que me has enseñado a dar.

Un beso grande.


La vida sigue, con altibajos, subiendo y bajando. Como sobre montañas rusas.
Unas veces con decisión, otras con duda. Con miedo, con alegría. Con seguridad, con incertidumbre. Sea como fuere, hay esperanza y deseo, coraje.

Me siento agradecida por la confianza depositada en mí, y por el trabajo realizado.

GRACIAS.


miércoles, 7 de junio de 2017

Los 10 errores más comunes de un psicoterapeuta.




En diferentes momentos y situaciones me he encontrado con varias personas que me han comentado, que han tenido alguna mala experiencia a la hora de hacer terapia y que pese a necesitarlo, -fruto de esas experiencias pasadas-, han decidido no acudir a otro psicoterapeuta.

Indagando un poco, algunos de ellos no eran psicólogos, ni tenían la formación suficiente, pero ese es otro cantar, que puede algún día trate. Ahora me centraré en los que sí son psicólogos.


La psicología, como otras profesiones sanitarias requiere de una gran responsabilidad y compromiso. Una formación continua y si nos dedicamos a la psicoterapia, una terapia personal y supervisión por parte de otros colegas más expertos que corrijan nuestros errores o nos ayuden a encontrar otras vías de abordaje, todo ello encaminado a ofrecer el mejor servicio de ayuda.

Por desgracia no todos los profesionales lo vemos así, a veces se peca de arrogancia, desconocimiento o un exceso de confianza. Porque las personas que nos dedicamos a la psicología tenemos una vida aparte que nos afecta y a veces nos equivocamos. Cómo no somos máquinas de precisión, tenemos que estar atentos para no bajar la guardia y caer en ciertos errores que pueden poner en entredicho nuestra labor profesional o lo que es peor, perjudicar a otra persona que busca nuestra ayuda.



Entre los errores más comunes indicativos de una mala práctica estarían:



1.- Intentar acelerar el proceso terapéutico con consejos prematuros, dando una respuesta para todo.

A veces hay que aclarar conceptos, dar información, podemos orientar sobre lo que le puede venir mejor o no, pero no somos nuestro paciente, Él ha de tomar sus propias decisiones, y hará los cambios cuando esté preparado para ello. No podemos empujar hacia algo que no quiere o no siente que sea el momento.

Las actitudes paternalistas no tienen cabida, porque si hacemos y decidimos por él, es una oportunidad que él no hará o decidirá por sí mismo, limitamos su capacidad de autonomía.


2.- Curiosidad morbosa por la vida del paciente.

Antes de preguntar sobre algún detalle desagradable o doloroso, conviene preguntarnos el para qué necesitamos saberlo, si nos dará información que le ayude. Escudriñar y preguntar en exceso buscando demasiados detalles poco o nada importantes para el trabajo terapéutico puede llevar detrás una necesidad del terapeuta de protegerse psicológicamente antes sucesos dramáticos del paciente que no sabe manejar. 

En un deseo de querer comprender mejor al otro, se corre el riesgo de querer saber más de lo necesario para nuestra labor de ayuda.


3.- La búsqueda de poder.

En la intimidad de la consulta, se crea una relación de confianza e intimidad emocional tal, que puede hacer que los pacientes nos vean con cierta “autoridad”. Se puede llegar a crear cierta idea de omnipotencia y control.

Estar en contacto con el dolor humano constantemente, nos lleva a fantasear con soluciones ideales, y sin darnos cuenta, acabar siendo autoritarios con los pacientes por no alcanzar nuestras soluciones fantásticas.



4.- Hacer cosas cuyo objetivo sea quedar bien.

Trabajar para el bienestar ajeno, supone confrontar las contradicciones, las mentiras, autoengaños. Supone poner límites, y eso nos lleva a arriesgarnos a perder la simpatía del paciente.

En terapia a veces se dicen o hacen cosas que en algunos momentos pueden provocar dolor. Caer en cierto paternalismo no ayudará a su proceso.


5.- Búsqueda de auto terapia.

No hay que intercambiar los roles. El setting terapéutico no es un lugar para hablar demasiado de nosotros ni descargarnos de nuestros problemas. 

Hacer autorrevelaciones en momentos puntuales, puede ser un buen catalizador para las de los pacientes, no obstante, éstas deben ser limitadas, no se trata de ocupar el tiempo hablando de nosotros.


6.- Intelectualizar la relación.

Centrarse demasiado en las técnicas, en las teorías concretas o marcos teóricos principales que todos los profesionales seguimos, en detrimento de la relación o alianza terapéutica, del vínculo emocional entre ambos, de la escucha empática; contribuirá a distanciarnos y dañará el vínculo terapéutico.


7.- Ser demasiado técnicos y rígidos.

Somos nosotros los que nos tenemos que facilitar el ambiente adecuado para que se produzca una buena comunicación, para ello debemos hablar “su idioma”. Colocarnos en un pedestal de conocimientos, teorías y paradigmas nos aleja.

Las sesiones no son algo encorsetado, es dinámica pura. Planificar está bien si se sabe improvisar cuando sea necesario, que es la más de las veces.


8.- Ir contra los valores del paciente.

Un terapeuta no puede arremeter ni rechazar el sistema de valores ni creencias de un paciente. Aunque no se compartan las ideas de un paciente, siempre se ha de respetar, y trabajar desde ese marco de referencia. Se le darán herramientas, se harán ejercicios para provocar cierta permeabilidad a ideas ajenas, o incluso que le inviten a salir de su “zona de confort”, pero siempre desde el respeto hacia el otro. 

Las personas que nos dedicamos a la psicoterapia no somos quién para juzgar si lo que piensan nuestros pacientes está bien o mal, estamos para ayudarles si esos pensamientos les generan malestar.


9.- No saber derivar a tiempo.

No todos los profesionales sabemos de todo, bien por deseo, bien por otras circunstancias, nos hemos ido especializando en alguna temática más que en otra. Por honestidad, cuando acuden a nosotros con algún problema que no controlamos, lo mejor es derivar a otro profesional que sí lo sea.

Otras veces, aun estando dentro de nuestra “especialización” hay que aceptar que no somos infalibles y aceptar nuestros límites. 


10.- Ejercer desde un personaje de perfección.

Si no nos mostramos como somos, no seremos nosotros. En pocos lugares hay tanta intimidad emocional como en la consulta de un psicólogo, o al menos debería haberla, y eso no se logra si estamos impostados en una pose de algo o alguien que no somos. 

La espontaneidad y la autenticidad de contribuirán a que estemos conectados y disponibles para esa intimidad y por supuesto no invitaremos a participar en ella.



Espero que este artículo sea de algo de utilidad sobre todo a los colegas que empiezan, que ayude a que pierdan el miedo, y a la vez le guarden el respeto y veneración que esta profesión requiere.

Que nos sirva a todos y todas como toque de atención, de reflexión y nos invite a no bajar la guardia, y nos impulse a querer mejorar, a no cometer excesos, manteniéndonos afinados, como los buenos instrumentos de precisión. No olvidemos que tratamos con personas que sufren y lo más importante son ellos.

Os invito a que dejéis algún comentario, ampliando, matizando o criticando si lo consideráis lo aquí escrito. 


Si lo consideráis útil, os agradecería que lo compartáis. Y si crees que puedo ayudarte en tu quehacer profesional por medio de supervisión desde mi experiencia, no dudes en ponerte en contacto conmigo.



Gracias y un saludo afectuoso.