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miércoles, 12 de diciembre de 2018

Mindfulness para antes de un examen.


Ayer hablaba con mi marido, que es maestro, de como muchos alumnos fallan en los exámenes simplemente porque no se toman el tiempo necesario para leer con atención los enunciados. La falta de atención en la lectura, indudablemente les afectaba a la comprensión lectora, aunque no tuviesen ningún tipo de dificultad o deficiencia en la misma.

En estas estábamos, cuando me preguntó si había alguna manera de ayudarles, si con alguna meditación mindfulness sería posible que comenzaran el examen más calmados, con más atención y concentración.

Así que se me ocurrió crear una meditación para antes de los exámenes. Está pensada, en principio,  para alumnos y alumnas de segundo ciclo de primaria.  He de decir, que mi marido ya ha empezado a introducir el mindfulness en su aula, con pequeñas pausas para observar como es su respiración en ese momento. 

Os la comparto por si queréis probar con ella. Os animo a que si la usáis, compartáis vuestra experiencia en los comentarios.



MEDITACIÓN PARA ANTES DE UN EXAMEN.


Sentados como estamos, adoptamos una postura atenta y cómoda. Cerramos los ojos  y atendemos a la sensación del aire al entrar y salir por la nariz…  Si surge algún pensamiento lo dejamos pasar, mientras seguimos con la atención  a la sensación del aire al entrar y salir por la nariz…  La práctica no es para pensar sino para atender a lo que sentimos. A la sensación del aire al pasar por la nariz.

Ahora ponemos la mano sobre la barriga y notamos como sube y baja con la respiración.
En un rato vamos a hacer un examen, y para ello, cuando acabe esta práctica de observar la respiración, vamos a llevar la atención, el interés, la calma y la curiosidad al examen. Así podremos leerlo con cuidado para responder lo mejor posible.

Nos podemos decir frases en voz baja que nos ayuden... “que yo me concentre”, “que tenga tranquilidad”, “que lo haga lo mejor posible”...

Si surge algún pensamiento que distraiga, lo dejamos pasar y seguimos con las frases de ayuda…que yo me concentre”… “que tenga tranquilidad”… “que lo haga lo mejor posible”…

Para finalizar, hacemos un par respiraciones profundas, y empezamos a movernos muy despacio, procurando mantener esta sensación de concentración y tranquilidad…



Un abrazo y espero que os ayude.



martes, 23 de octubre de 2018

Reflexiones sobre niñofobia.







Esta mañana he visto algo en el metro que me tiene media mañana dándole vueltas. Y me ha llevado a estas reflexiones que os comparto. Evidentemente son personales y se basan única y exclusivamente en mis apreciaciones totalmente subjetivas.

Entro al vagón y lo primero que me llama la atención es una música  estridente. Me fijo y veo que proviene del móvil de un chico de unos 20 años. Al lado una mujer de unos 60 años, visiblemente contrariada, con gestos continuos de desagrado, pero que calla. En la siguiente estación, se baja el chico, y suben dos preadolescentes de unos 12 años, (lo sé porque se ven libros de 1º de la ESO). Las muchachas que entran van con la risa floja de esa edad. Al rato, la señora contrariada de antes, les increpa, "niñatas, a ver si os calláis, que esto es público y vuestras risas molestan".

Yo me bajaba en la siguiente, y antes de irme le digo a la señora "¿por qué no le ha dicho nada al chico que tenía antes al lado, no será que estas chicas pagan su silencio de antes?" Lo sé, la deformación profesional me acompaña siempre.

En estas llevo pensando toda la mañana y la reflexión que me surge es ¿Tanta niñofobia no responderá en parte a la cobardía de no decir lo que molesta y cuando molesta? ¿No será que es más fácil dirigir nuestras frustraciones hacia quien no se puede defender o consideramos menos peligroso? ¿Respondemos igual a molestias infantiles que a las adultas?

Siento que cada vez hay más permisividad con las molestias incívicas, ya sea por miedo, por desidia o pasotismo. Sin embargo esa permisividad es inversamente proporcional a las molestias que generan los menores. 

Toleramos que alguien hable a gritos en un restaurante, pero no que lo haga un niño o una niña. Toleramos que en un avión dos personas mantengan una conversación en voz muy alta, pero no que lo hagan niños. Se tolera que adultos armen jaleo en un hotel por la noche, pero no que bebés en la habitación de al lado pasen mala noche.

Se está excluyendo a los menores de los espacios públicos.



Vale que los progenitores y demás cuidadores tenemos que enseñarles qué es eso de compartir espacio público y respetarnos unos a otros, que tenemos que enseñarles que no todo lo pueden hacer por el simple hecho de ser niños, que pueden resultar molestos algunos de sus comportamientos, cómo lo es el comportamiento de otras personas adultas. En esta endoculturación, les hacemos flaco favor si les enseñamos que está bien descargar la frustración en el que consideramos más débil, o que no está en posición de poder defenderse.

Con este doble rasero les enseñamos que no son criticables actos concretos, sino las personas que los perpetren, y según qué tipo de persona sea se puede criticar o no.


Disculpen, pero esta doble moral yo la veo muy, muy peligrosa. No olvidemos que los niños de hoy, serán los adultos de mañana, y lo que les enseñemos como bueno hoy, lo entenderán como bueno mañana.

martes, 5 de septiembre de 2017

Pistas para ayudar a los más peques a ser más responsables y autónomos en la vuelta al cole.



Tenía una pequeña planta y se me murió de tanto regarla. Fue entonces cuando aprendí que dar de más, aunque sea algo bueno no siempre es lo más adecuado.
Anónimo


Es septiembre, mes de vuelta al colegio y vuelta a la rutina para gran parte de la población. Es el mes, junto con enero, de los buenos propósitos. Uno de los propósitos más común entre las madres y padres es el de hacer que los hijos sean más autónomos.

La premisa es que nadie nace sabiendo, por eso hay que enseñarles a realizar sus tareas en lugar de hacerlas por ellos. La mayoría de las ocasiones damos por hecho que saben hacer lo que a nosotros nos parece básico, sin darnos cuenta que hay detrás años de aprendizaje.
Así que para no llegar exhaustos al final del curso e inmersos en broncas y peleas, ahí van unas pistas para contribuir a que nuestros hijos sean más responsables y autónomos. Para ver los resultados al final de curso hay que empezar desde el primer día, así que vamos a ello.

  1. La organización de la mochila.


El olvidarse o perder material escolar suele ser fuente de conflicto. El saber planificarse y comprobar lo que tienen que llevar o traer cada día les suele costar, y si no les damos herramientas para ello no lo harán. Sin querer podemos frenar su aprendizaje al realizar nosotros lo que podrían hacer ellos. 


Una tabla parecida a esta, colocada en un sitio visible, en la que escriba todo lo que debe ir en la mochila cada día, puede servir para organizarse y no olvidar los materiales que va a necesitar llevar cada día. Se puede colocar otra en la mochila para recordar a la inversa, lo que tiene que traer del colegio a casa.





Les ayudaremos a rellenarlo y les supervisaremos los primeros días, con la intención de ir retirando nuestra ayuda poco a poco.


  1. Organizar su tiempo y actividades.


La organización es un punto problemático. A veces les acusamos de perezosos o de ser un desastre, cuando lo único que ocurre es que no les hemos enseñado esa habilidad. Para ello tenemos que tener muy presente que si nos involucramos y le dedicamos tiempo al principio, con paciencia y cariño es más fácil que veamos el fruto a lo largo del curso. Unas ideas a tener en cuenta:


  • Usar una libreta o agenda escolar para apuntar todas las tareas, y que las vayan tachando según las vayan realizando.


  • Unificar las tareas por materiales necesarios para realizarlas, (libros, ordenador, cuadernos...)
  • Establecer límites temporales coherentes a cada una.
  • Enseñarles a distinguir tareas urgentes de las que no, las importantes de las nimias. Con una tabla de este tipo, les puede resultar más fácil identificarlas y catalogarlas. Un examen sería una tarea importante y no urgente.


  • Usar calendarios de pared para anotar fechas importantes como exámenes, entrega de trabajos.

  1. Los deberes.


Sin entrar en el debate de si los deberes son necesarios, o el tipo de deberes que se deben hacer, hoy por hoy en la mayoría de los colegios los usan para completar y afianzar lo aprendido en el aula y es algo con lo que tenemos que lidiar, mejor empezar a encararlo desde el primer día para que no suponga una batalla a lo largo del curso. Ahí van unas recomendaciones:


  • Establecer un sitio apropiado para hacer los deberes. Con buena luz y libre del mayor número de distracciones. Donde se tengan los materiales necesarios a mano.
  • Procurar que sea a la misma hora. Para que se vaya creando un hábito. Que no se deje para muy tarde para evitar cansancios y perezas.
  • Servirles de ejemplo haciendo nuestras tareas. Estando accesibles por si requieren de nuestra colaboración pero con actividades separadas.
  • Darles la consigna de que realicen los deberes por ellos mismos, si hay algo que no sepan hacer que pasen al siguiente, así evitamos que se acostumbren a las interrupciones y les damos la oportunidad para que encuentren la solución más tarde.
  • Darles herramientas para que piensen ellos la solución más que dársela nosotros.
  • Revisar los deberes al final, a parte de para saber si están bien hechos, para que sepan que les damos importancia a su esfuerzo.
  • Hablar en positivo de los deberes delante de ellos.
  • Poner un tiempo de ejecución prudencial, para que aprendan a organizar su tiempo., e intentar cumplirlo.
  • Si algo no lo entienden, quizá sea bueno poner una nota al maestro/maestra para que en la medida de lo posible se lo vuelva a explicar.

  1. Equivocarse está bien.

Tomar decisiones sensatas no se aprende de la noche a la mañana, ni  la responsabilidad, ni la autonomía. Se aprende cometiendo errores hasta encontrar la manera que mejor resuelve cada problema, lo que se conoce vulgarmente como aprendizaje “ensayo – error”. A los adultos nos cuesta respetar las iniciativas de los pequeños y aceptar sus elecciones. Presuponemos demasiado a menudo que se van a equivocar, no damos tiempo para que aprendan de los errores. Hay que darles permiso para que yerren.

Un niño autónomo y responsable es más probable que tenga una mejor autoestima. Es el momento de enseñarles y confiar.

Os deseo un buen curso.


lunes, 23 de enero de 2017

Violencia de género en la adolescencia. Guías y recursos para su abordaje.




La ONU, en su Declaración de 1993, define la violencia contra la mujer (comúnmente conocida como Violencia de Género) como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o un sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada”.

Hay datos bastante preocupantes con respecto a la violencia de género y las adolescentes. Según la Macroencuesta española de Violencia Contra la Mujer de 2015 hasta el 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja han sido víctimas de violencia de género, frente al 9% de las mujeres en franjas de edad superiores.

Según numerosos estudios, (como ejemplo este del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud ), se cree que son los factores socioculturales  los que refuerzan los estereotipos que diferencian a chicos y a chicas y las diferentes atribuciones de capacidades que se hacen a unos y otras. Esto hace que se construyan unas ideas preconcebidas de que es masculinidad y feminidad.

La violencia de género es un fenómeno complejo que es necesario comprender. Esta violencia de género no es simplemente una forma más de violencia; tiene unas características diferenciales (en su origen, mecanismos y consecuencias) que es necesario tener en cuenta a la hora de trabajar con adolescentes. (Para más información ver la documentación en los diferentes enlaces en este texto).

La violencia de género es un instrumento de control, dominio y sometimiento que tiene como objetivo imponer las pautas de comportamiento que el hombre (desde un sistema de creencias sexista) considera que debe tener la mujer con la que mantiene una relación.

En esta línea, la Doctora en Sociología y especialista en violencia de género en la adolescencia y juventud, Carmen Ruiz Repullo,utiliza el cuento de Pepa y Pepe, ideado por ella, así como los peldaños de la violencia de género, para mostrar de qué manera las y los adolescentes acceden al peligroso círculo de la violencia de género. Los ejemplos que utiliza son fruto de las investigaciones que detalla en uno de sus estudios, “Voces tras los datos. Una mirada cualitativa a la violencia de género en adolescentes”

Os recomiendo que veáis a la propia Carmen contar el cuento de Pepa y Pepe, merece la pena por su sencillez y claridad.



Teniendo en cuenta todo lo dicho, es importante visibilizar que amar no está relacionado con los celos ni con el control. Si eres una chica que comienza sus primeras relaciones, o lo hacen tus amigas, una manera de prevenir conductas de maltrato o violencia es leer esta guía, donde podrás encontrar información sobre el amor y cómo saber si tu relación entra en terreno peligroso para ti.


Si trabajas en la educación y quieres abordar estos temas en el aula, este material te puede interesar para empezar.


Si sospechas que tu hija, familiar o amiga sufre malos tratos, puede que esta guía te ayude a saber como actuar. 




Para acabar con un tema tan complicado, denso y preocupante, os dejo con una canción de Massive Attack, donde en su videoclip plasma de una forma impactante el proceso de pérdida de autonomía, dependencia y alienación.



Gracias por tu atención.

lunes, 16 de noviembre de 2015

¡¡Ya no puedo más!!! El desgaste de la maternidad.





Como madres, nos planteamos muchos asuntos en los que queremos incidir, cuidar y trasmitir a nuestros hijos e hijas. Les influimos y somos modelos en asuntos como nutrición, sueño, relaciones con otras personas y el medio que les rodea, entre otros aspectos…


Para los bebés, somos el primer referente con el que se encontrarán, según nos relacionemos con ellos y con el mundo será la primera impresión que se lleven de los demás y del entorno. Les serviremos de espejo, o más bien, ellos nos servirán de espejo a nosotras sí sabemos mirar.


Además de madres, somos mujeres, personas, con una personalidad, manías, filias, fobias, historias personales adheridas a la piel, familias y relaciones familiares, todo ello configuran nuestra forma de afrontar y enfrentar la maternidad. Cada persona tenemos una personalidad determinada, esta condiciona nuestra forma de manejarnos en la vida, la maternidad y la crianza no deja de ser un ámbito más donde nos manejaremos según esta personalidad.




Si nos conocemos, con nuestras virtudes y defectos, o al menos atisbamos como nos relacionamos, nos será más fácil encontrar la manera de maternar, criar y educar. Como madres queremos lo mejor para nuestros hijos e hijas, nos focalizamos en procurarles lo mejor, lo hacemos con tanto empeño que muchas veces nos olvidamos de nosotras, de lo que queremos y necesitamos, no medimos fuerzas, incluso hacemos más de lo necesario. Sin darnos cuenta nos perdemos y nos olvidamos de tenernos en cuenta, aparecen las frustraciones, la falta de paciencia, por no hablar de problemas mayores como podría ser problemas de ansiedad o depresión.


Querer hacerlo todo bien y perfecto aparte de imposible genera estrés e insatisfacción, por eso hay que elegir dónde poner más tiempo, energía. Dosificar fuerzas, hacer todo por los hijos puede llegar a agotarnos o ser perjudicial para ellos, hay que reconocer que no somos buenas en todo y que a veces el precio por ofrecer lo mejor es demasiado alto, no solo en lo económico. A veces es mejor cumplir mínimos en unos ámbitos y en otros dar más. Hay que desterrar un poco la idea moderna de intentar que cada instante y cada día sea maravilloso para nuestros hijos e hijas, que no se aburran nunca. Está bien actuar por debajo de la perfección.






Hay mucho escrito en cuanto a crianza y educación, incluso dentro de la crianza positiva, con apego hay matices. Es fácil a día de hoy dejarse llevar por la corriente de querer dar a nuestros hijos aquello que no tuvimos, cuando a lo mejor no siempre coincide con lo que ellos necesitan. A veces lo que necesitan son unas madres y unos padres tranquilos, serenos y felices, que se tengan en cuentan, que conozcan sus límites y que no lo hagan todo por ellos, que les dejen equivocarse, cometer errores.


Aprendamos a vivir sin culpa las decisiones si son coherentes con nosotras y nuestro sistema familiar. Por ejemplo, dar el pecho es lo mejor, lo más sano para el bebé, eso no hay quien lo dude, sin embargo, puede ser muy estresante si surge algún problema que la dificulte, y pasar al biberón supone un alivio y facilita el clima familiar y la relación con el bebé. Esto es sólo un ejemplo de los muchos que surgen con los años.


Con nuestro ejemplo enseñamos y transmitimos, ¿queremos transmitir un modelo de abnegación en el que nos olvidamos de nosotras? ¿En el que nunca decimos que no?


¿Qué te está empezando a pesar? ¿Qué te resulta difícil llevar o hacer? ¿Qué necesitarías cambiar en tu dinámica con tus hijos? ¿Te sientes desbordada? Puede que sea hora de tenerte más en cuenta.