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sábado, 20 de junio de 2015

¿Qué es eso de compartir?



Ya hace buen tiempo, más horas de luz, a punto estamos de las vacaciones, una ecuación perfecta para que los parques con columpios estén a rebosar de gente menuda dispuesta a saltar, correr, comerse la arena, tirarse por los toboganes a ser posible de cabeza que es más divertido...

A más niños y niñas, más papás y mamás, esta ecuación da lugar a más conflictos. 
Una de las frases más oídas estos días es "hay que compartir", mientras arrancas de las manos de tu propia progenie, lo que tenga, para dárselo a la progenie ajena, sin más explicaciones, ante esto, lo más seguro que ocurra es que nuestra propia descendencia rompa a llorar y acabemos con la amenaza, "como sigas así nos subimos".


Mientras veo esto pienso, ¿qué pasaría si tu vecino viene a tu casa a llevarse un rato tu televisión, porque se le ha estropeado la tele y no puede ver el enésimo partido de fútbol de la semana?, alegando eso sí, "QUE HAY QUE COMPARTIR y como te pongas a llorar te vas a tu habitación a pensar"... Mucha gracia no nos haría, ¿verdad?...


Decir a un niño "hay que compartir" sin más explicaciones, es lo mismo que decirle "hay que diversificar el coste de oportunidad lúdico", una abstracción que no entiende...

Foto de Bruce Kingsbury

¿Qué hacer entonces

Para empezar, no obligarles. No es una habilidad o característica innata, como ejemplo, un experimento sociológico con niños de entre 3 y 8 años, de la Universidad de Zurich (Suiza) y del Instituto Max-Planck para Antropología Evolutiva de Alemania llegaron a la conclusión que los pequeños comienzan a compartir de forma altruista a los 7 años. (Artículo publicado en la revista Nature ). A esta edad, los niños también empiezan a considerar al otro con buena voluntad y tratan a sus amigos como los adultos.

Respetar sus cosas, y cuando quiera las de otro niño preguntarle cómo se siente si no se lo dejan los juguetes otros niños, por ejemplo. No significa que a la primera lo entiendan, hará falta paciencia y repetir varias veces.

Intentar que juegue con niños, organizar grupos de juego con otros niños ayuda, los conflictos surgirán, tenderemos que intentar mantenernos un poco al margen y vayan poniendo en marcha sus propias estrategias de resolución de conflictos. Mordiscos y peleas suelen ser las primeras que salen, ahí es conveniente mediar un poco, y si no hay acuerdo, ese juguete o material se guarda.

Servir de modelo. Si nos ven a los adultos compartiendo, es más fácil que introduzcan esa conducta entre las suyas.

En ningún caso es positivo comparar con otros niños, ridiculizar u obligar a compartir. La necesidad de pertenencia también es buena. Quizás el que tenga que aprender que las cosas no se quitan sea el otro niño.

Foto de Julio Quilez



Os dejo un cuento precioso  de Pedro Pablo Sacristán para aprender a compartir.


Había una vez un pequeño príncipe acostumbrado a tener cuanto quería. Tan caprichoso era que no permitía que nadie tuviera un juguete si no lo tenía él primero. Así que cualquier niño que quisiera un juguete nuevo en aquel país, tenía que comprarlo dos veces, para poder entregarle uno al príncipe.
Cierto día llegó a aquel país un misterioso juguetero, capaz de inventar los más maravillosos juguetes. Tanto le gustaron al príncipe sus creaciones, que le invitó a pasar todo un año en el castillo, prometiéndole grandes riquezas a su marcha, si a cambio creaba un juguete nuevo para él cada día. El juguetero sólo puso una condición:
Mis juguetes son especiales, y necesitan que su dueño juegue con ellos - dijo - ¿Podrás dedicar un ratito al día a cada uno?
¡Claro que sí! - respondió impaciente el pequeño príncipe- Lo haré encantado.
Y desde aquel momento el príncipe recibió todas las mañanas un nuevo juguete
. Cada día parecía que no podría haber un juguete mejor, y cada día el juguetero entregaba uno que superaba todos los anteriores. El príncipe parecía feliz.
Pero la colección de juguetes iba creciendo, y al cabo de unas semanas, eran demasiados como para poder jugar con todos ellos cada día. Así que un día el príncipe apartó algunos juguetes, pensando que el juguetero no se daría cuenta. Sin embargo, cuando al llegar la noche el niño se disponía a acostarse, los juguetes apartados formaron una fila frente él y uno a uno exigieron su ratito diario de juego. Hasta bien pasada la medianoche, atendidos todos sus juguetes, no pudo el pequeño príncipe irse a dormir.
Al día siguiente, cansado por el esfuerzo, el príncipe durmió hasta muy tarde, pero en las pocas horas que le quedaban al día tuvo que descubrir un nuevo juguete y jugar un ratito con todos los demás. Nuevamente acabó tardísimo, y tan cansado que apenas podía dejar de bostezar.
Desde entonces cada día era aún un poquito peor que el anterior. El mismo tiempo, pero un juguete más. Agotado y adormilado, el príncipe apenas podía disfrutar del juego. Y además, los juguetes estaban cada vez más enfadados y furiosos, pues el ratito que dedicaba a cada uno empezaba a ser ridículo.
En unas semanas ya no tenía tiempo más que para ir de juguete en juguete
, comiendo mientras jugaba, hablando mientras jugaba, bañándose mientras jugaba, durmiendo mientras jugaba, cambiando constantemente de juego y juguete, como en una horrible pesadilla. Hasta que desde su ventana pudo ver un par de niños que pasaban el tiempo junto al palacio, entretenidos con una piedra.
Hummm, ¡tengo una idea! - se dijo, y los mandó llamar. Estos se presentaron resignados, preguntándose si les obligaría a entregar su piedra, como tantas veces les había tocado hacer con sus otros juguetes.
Pero no quería la piedra. Sorprendentemente, el príncipe sólo quería que jugaran con él y compartieran sus juguetes. Y al terminar, además, les dejó llevarse aquellos que más les habían gustado.
Aquella idea funcionó. El príncipe pudo divertirse de nuevo teniendo menos juguetes de los que ocuparse y, lo que era aún mejor, nuevos amigos con los que divertirse. Así que desde entonces hizo lo mismo cada día, invitando a más niños al palacio y repartiendo con ellos sus juguetes
Y para cuando el juguetero tuvo que marchar, sus maravillosos 365 juguetes estaban repartidos por todas partes, y el palacio se había convertido en el mayor salón de juegos del reino. 
(Cuento visto en http://cuentosparadormir.com/ )
Un saludo y buen día.

lunes, 27 de abril de 2015

Cuento de las pelusas calientes, Claude Steiner

Hoy os quiero compartir un cuento escrito por Claude Steiner,  Doctor en psicología, discípulo y colega de Eric Berne (creador del Análisis transaccional). Este cuento lo conocí en una de mis formaciones y de vez en cuando me gusta releerlo, me gusta recordar que quiero y necesito "pelusas calientes", abrazos, mimos, complicidad, intimidad. A parte de una crisis económica, estamos en una crisis emocional, crisis de solidaridad, de empatía, en definitiva, de afectos sinceros y de abrazos reconfortantes.

Racionar palabras bonitas, te quieros, abrazos y caricias nos daña, más de lo que pensamos, iniciemos una revolución  
Espero que os guste el cuento.


EL CUENTO DE LAS PELUSAS CALIENTES de Claude Steiner

Había una vez, hace mucho tiempo, dos personas muy felices que se llamaban Tim y Maggie, las cuales tenían dos hijos llamados John y Lucy. Para poder comprender lo felices que eran, habrá que entender cómo eran las cosas en aquel entonces. Hay que saber que por aquellos días se les regalaba inmediatamente a los niños que nacían una Bolsa de Pelusas, pequeña y suave. Siempre que una persona metía mano en su bolsa para buscar, sacaba de ahí una Pelusa Caliente muy abrigadora. Había, pues, mucha demanda de Pelusas Calientes, porque siempre que alguien recibía una Pelusa Caliente, eso le hacía sentirse muy contento y abrigado. La gente que no recibía Pelusas Calientes con regularidad estaba en peligro de contraer una enfermedad en la espalda, que le hacía encogerse y morir.

En aquellos días era muy fácil conseguir Pelusas Calientes. Cada vez que alguien tenía ganas de una, iba a tu encuentro y te decía: "Me gustaría recibir una Pelusa Caliente". Entonces uno metía la mano en su bolsa y sacaba una Pelusa, del tamaño de la mano pequeña de una niña. Cuando la Pelusa salía a la luz del día, se iluminaba con una sonrisa y florecía transformándose en una Pelusa Caliente, amplia y abrigadora. Entonces tú colocabas una encima del hombro, o de la cabeza, o sobre las piernas de la persona, y la Pelusa se le acomodaba perfectamente, deshaciéndose contra su piel y haciéndole sentirse lleno de alegría. La gente siempre se estaba pidiendo mutuamente Pelusas Calientes; y puesto que se daban gratis, no era ningún problema tener Pelusas suficientes para todos.  Por consiguiente cada uno se sentía feliz y estaba muy cómodo y abrigado la mayor parte del tiempo.

Cierto día, una bruja mala se puso muy enojada, porque todo el mundo estaba tan feliz que nadie se ocupaba de comprar brebajes y emplastos. La bruja era muy lista e ideó un plan perverso. Una hermosa mañana, la bruja se acercó cautelosamente hasta Tim, mientras Maggie jugaba con su hija, y le murmuró al oído: "Tim, mira la cantidad de Pelusas que Maggie le está dando a Lucy. ¿Sabes?, si lo sigue haciendo así, va a acabar por quedarse sin ninguna ¡y no quedará una sola para ti!".

Tim quedó estupefacto. Volviéndose a la bruja preguntó: "¿Quieres decir que no siempre  encontraremos una Pelusa Caliente cuando la busquemos en nuestra bolsa?" A lo que la bruja respondió: "No, desde luego que no; y cuando las Pelusas se terminen, ya no podrás tener más". Y diciendo esto, se fue volando, montada sobre su escoba, riéndose por el camino.

Tim tomó la cosa muy a pecho y comenzó a fijarse cada vez que Maggie le regalaba una Pelusa Caliente a alguien. Acabó por sentirse muy preocupado y disgustado, porque le agradaban mucho las Pelusas Calientes de Maggie y no quería renunciar a ellas. Pensaba que ciertamente no era justo que Maggie estuviera desperdiciando todas sus Pelusas Calientes en los niños y en otras personas. Así, empezó a quejarse cada vez que veía a Maggie regalar una Pelusa Caliente a alguien; y como Maggie lo quería mucho, dejó de dar Pelusas Calientes con tanta frecuencia a las personas, y las reservó sólo para él.

Los niños se fijaron en lo que sucedía y pronto comenzaron a pensar que era malo regalar Pelusas Calientes cada vez que alguien las pedía o tenía ganas. Y también ellos se volvieron muy cuidadosos en eso. Observaban a sus padres muy de cerca y siempre que les parecía que ellos regalaban demasiadas Pelusas a los demás, comenzaron a oponerse. Poco a poco se sintieron muy preocupados cuando ellos mismos regalaban demasiadas Pelusas Calientes. Y a pesar de que ciertamente encontraban una Pelusa Caliente cada vez que la buscaban en su bolsa, poco a poco dejaron de meter la mano en ella, volviéndose más y más egoístas. Muy pronto la gente empezó a darse cuenta de la escasez de Pelusas Calientes: y comenzó a sentirse menos contenta y abrigada. Empezó a encogerse y, de vez en cuando, había algunos que se morían por falta de Pelusas Calientes. Así, más y más gente iba en busca de la bruja para comprar brebajes y emplastos, aunque no resultaban efectivos. Y sucedió que la situación se iba poniendo muy difícil. La bruja mala, que contemplaba todo esto, no quería en realidad que la gente se muriera (puesto que los muertos ya no podían comprar sus brebajes y emplastos), por lo que ideó un nuevo plan. A cada uno se le dio una bolsa muy parecida a la Bolsa de Pelusas, salvo que aquella era una bolsa muy fría, mientras que la de Pelusas era caliente y acogedora.

Dentro de la bolsa de la bruja había Espinas Frías. Estas no hacían que las personas se sintieran abrigadas y contentas, sino que, por el contrario les hacía sentirse frías y espinosas. Pero sí lograban impedir que la espalda se les encogiera. Por lo que de ahí en adelante cada vez que alguien decía: "Yo quiero una Pelusa Caliente", las personas que temían agotar su reserva de ellas respondían "No puedo darte una Pelusa Caliente, pero ¿no te gustaría recibir una Espina Fría?" En algunas ocasiones, dos personas se acercaban una a la otra, pensando que iban a recibir una Pelusa Caliente, pero uno u otro cambiaba de parecer y terminaban por darse mutuamente Espinas Frías. Por lo que el resultado fue que, aunque muy pocas personas se morían, sin embargo muchas seguían desdichadas, sintiéndose extremadamente frías y espinosas. La situación se complicó muchísimo porque, desde la llegada de la bruja, las Pelusas Calientes eran cada día más escasas; por lo que las que anteriormente eran gratuitas como el aire libre, ahora eran extremadamente raras y de mucho precio. Esta fue la causa de que la gente hiciera toda clase de cosas para conseguirlas. Antes de que apareciera la bruja, las personas acostumbraban a reunirse en grupos de tres, cuatro, o cinco, sin que a nadie le importara demasiado quién le estuviera regalando Pelusas Calientes a quién. Pero a partir de la llegada de la bruja, la gente empezó a dispersarse por parejas y a reservar todas sus Pelusas Calientes exclusivamente el uno para el otro. Las personas que, olvidándose de sí mismas, le regalaban a otro una Pelusa Caliente, inmediatamente se sentían culpables por ello porque sabían que su compañero seguramente resentiría la pérdida de una Pelusa Caliente. Los que no lograban encontrar un compañero generoso, tenían que comprar sus Pelusas Calientes y trabajar durante largas horas para ganarse el dinero necesario para adquirirlas.

Hubo personas que, de alguna manera, se hicieron "populares" y con eso recibieron muchas Pelusas Calientes, sin tener que volver ninguna a cambio. Entonces esta gente vendía dichas Pelusas Calientes a quienes no eran "populares" y que necesitaban de ellas para poder sobrevivir.

Otra cosa que sucedió fue que algunas personas tomaban Espinas Frías -que las había disponibles gratuitamente y en cantidad ilimitada- y las recubrían de un material blanco y esponjoso, haciéndolas pasar por Pelusas Calientes. Estas Pelusas Calientes falsificadas eran en realidad Pelusas de Plástico, y ocasionaban nuevas dificultades. Por ejemplo, dos personas se reunían e intercambiaban libremente Pelusas de Plástico, cosa que esperaban les haría sentirse bien y contentos, pero, en vez de eso, se separaban sintiéndose muy mal. Y como pensaban que lo que habían estando intercambiando mutuamente eran Pelusas Calientes, quedaban sumamente desconcertados, sin darse cuenta de que los sentimientos fríos y espinosos que sentían eran en realidad el resultado de que les habían dado muchas Pelusas de Plástico.

Así, la situación llegó a ser muy deplorable; y todo comenzó por la llegada de la bruja, que hizo creer a la gente que algún día, cuando menos lo esperaran, podrían meter la mano en su Bolsa de Pelusas Calientes y descubrir que se les habían agotado.

No hace mucho, una mujer mundana y joven llegó a esta desdichada tierra. Al parecer, ella desconocía todo cuanto se refería a la bruja mala, y no se preocupaba en lo más mínimo de que se agotaran sus Pelusas Calientes. Las repartía generosa y libremente, aun cuando no se las pidieran. La gente la llamaba la Mujer Mundana y no la aceptaba, porque estaba comunicándoles a los niños la idea de que no deberían de preocuparse de que las Pelusas Calientes pudieran llegarles a faltar. A los niños les caía muy bien, porque se sentían muy contentos junto a ella; y así comenzaron a regalar Pelusas Calientes siempre que les venía en gana.

Las personas mayores, preocupadas, tomaron cartas en el asunto y decidieron emitir una ley para proteger a los niños contra el despilfarro de su provisión de Pelusas Calientes. La ley declaró ser una ofensa criminal repartir Pelusas Calientes con atrevimiento y precipitación y sin tener licencia para hacerlo. Sin embargo, a muchos niños no les importó nada lo sucedido y a pesar de la ley continuaron regalándose mutuamente Pelusas Calientes siempre que les venía en gana y siempre que se las pedían. Y como había muchos, muchos niños, casi tantos como personas mayores, parecía que ellos acabarían por salirse con la suya.

Hoy por hoy, es difícil decir qué es lo que sucederá. ¿Lograrán las fuerzas adultas de la ley y el orden frenar el atrevimiento y precipitación de los niños? ¿Se unirán los adultos a la Mujer Mundana y a los niños aceptando el riesgo de que siempre pueda haber tantas Pelusas Calientes cuantas sean necesarias? ¿Se acordarán de los días en que sus niños están intentando retroceder al tiempo que las Pelusas Calientes abundaban porque la gente las regalaba gratuitamente?.

Texto original.

Nota: Os dejo un audio con los principios básicos del Análisis Transaccional




lunes, 29 de septiembre de 2014

Una nueva eventura

Empieza una nueva aventura, un nuevo reto, uno de los que más miedo y respeto me producen; sentarme frente a una hoja en blanco e intentar llenarla de ideas con cierta coherencia.

Me gusta leer, y en ese leer sigo blogs. En bastantes ocasiones he encontrado ideas, diferentes puntos de vista, información que me ha ayudado, a resolver algún conflicto encontrando otra salida a mi callejón particular, a encontrar información para algún curso, a reirme en un momento en que lo necesitaba, a muchas cosas, hasta hacer una nueva receta vegetariana, que sé yo.

Este blog crece con varios objetivos, uno simplemente es ayudarme a mí misma a ordenar mis ideas, ponerlas por escrito, leerlas y así poder ordenarlas más facilmente. Con la idea de que si es en forma de blog me obligaré a hacerlo con más asiduidad.


Otro motivo es poder compartir información, pensamientos, ideas en las creo. Proyectos en los que pongo ilusión.

Espero vuestra compañía en esta aventura. Vuestras lecturas y comentarios.

Hasta la próxima. Un beso