viernes, 20 de abril de 2018

La dictadura de la felicidad. O como morir en la búsqueda de la felicidad eterna.

Ahora con sociales redes,
todos dicen que vales
y todo virtual puedes.
Mientras tanto,
me rasco.

Pedro Pablo Pareja


Podemos leer decenas de frases supermotivantes a lo largo del día; en redes sociales, en eslóganes publicitarios, en camisetas, libretas… Los mensajes que invitan a la felicidad nos rodean. Todo esto aderezado por cientos de cursos que prometen la felicidad, la satisfacción o el éxito en algún ámbito de la vida. Cursos para obtener el éxito en pocas semanas, cómo lograr la pareja perfecta en un fin de semana, o cómo vencer la timidez con nuestra mente optimista en pocos pasos.

Parece que ir contra esos mensajes tan positivos, aparentemente inocuos te colocan en el lado de los cascarrabias y amargados, que parece que niegan el lado bueno de la vida y no quieren ser felices ni tener éxito

¿Acaso puede haber algo malo en tanta positividad?

Claro que lo hay. Toda esta psicología de baratillo tiene efectos perniciosos que te muestro y te invito a reflexionar a continuación.

1.- Todas las emociones son necesarias.

El mayor daño que hace este movimiento motivacional es el de clasificar las emociones en positivas y negativas, cuando en realidad todas las emociones son positivas en la medida en que nos proporcionan una información valiosísima si las observamos, atendemos y sabemos leer. Las emociones son como nuestro GPS. Nos guían cuando algo no funciona bien dentro de nosotros o a nuestro alrededor.

Las emociones son reacciones corporales ante las situaciones vividas, no se pueden evitar, como mucho se puede regular la respuesta a las mismas. La evitación neurótica de toda experiencia negativa es como ocultar la basura bajo la alfombra. Si no modificamos las circunstancias que provocan esa emoción que nos incomoda, tarde o temprano esa emoción que nos negamos a sentir, se presentará imprevisiblemente en todo su esplendor. Esconder o negar el malestar que genera alguna emoción no ayuda a solucionar los problemas, más bien los perpetúa.

Cada emoción tiene una finalidad, incluso las displacenteras, como podemos ver en esta imagen:


¿Por qué pretendemos negar esa parte de nosotros? No hay nada vergonzoso en sentir, es inherente al ser humano.

2.- No hay certezas.

Evitar a toda costa cualquier atisbo de algún evento negativo es prácticamente imposible. Sin embargo se recurre a la idea o fantasía de control para mitigar nuestra necesidad de "cierre cognitivo”, donde todo encaje. Suponer que va a aparecer una respuesta definitiva a nuestros problemas, para así eludir la ambigüedad, lo incierto, lo desconocido es bastante ingenuo. No es más que una ilusión, ya que no siempre vamos a tener las certezas que buscamos para mitigar nuestra angustia.

La incertidumbre es parte de la vida, y uno de los mayores indicadores de salud mental es tolerarla.

3.- Distinguir necesidades de deseos.



Abraham Maslow ideó una teoría psicológica en la que clasificaba las necesidades humanas. Según la cual se atenderán las necesidades superiores en la medida en la van quedando satisfechas las inferiores.

Clasifica las necesidades humanas de la siguiente manera:

• Necesidades fisiológicas (respiración, alimentación, descanso, sexo...).

• Seguridad (seguridad física, empleo, salud, vivienda...).

• Afiliación o relaciones sociales (amigos, pareja, amor...).

• Reconocimiento (éxito, autorreconocimiento, poder...).

•Autorrealización (creatividad, espontaneidad, trascendencia...).

El positivismo simplista, por el contrario, equipara la búsqueda de la felicidad, a una idea inalcanzable que genera insatisfacción. La lógica pirámide de Maslow se nos muestra invertida. No te dice que sin las necesidades básicas cubiertas es muy difícil ser feliz. Salud, comida, cobijo, socializar, educación... Se confunde deseo con realidad.

Impulsa a perseguir ideas de autorrealización y trascendencia cuando antes deberíamos cultivar y defender lo más básico.

Somos diferentes, así que las recetas de la felicidad no son universales. Hay que conocer lo que nos satisface a cada uno. Máxime cuando lo que entiende cada uno por felicidad varía tanto de una persona a otra.

Pretender llegar a estados de satisfacción plena sin saber si se va a llegar a fin de mes, si se sufre acoso laboral, si no se tienen amigos… es bastante ingenuo.

 

4.- El hedonismo y la egolatría no son la solución.

Toda esta industria de la felicidad está continuamente ofertando cursos, seminarios, productos, libros…que prometen éxito, abundancia y felicidad para que no tengas que quejarte mucho, ya que la queja se entiende como signo de debilidad. Poco a poco se cae en la sonrisa aparente y la autocomplacencia.

Ningún taller de fin de semana por muy sanador que diga ser, ninguna masterclass con el gurú de turno, ningún libro revelador, te cambiarán la vida.

Los cambios vienen de la conciencia de la verdadera necesidad, la constancia, del cambio de hábitos, de sanar heridas...

No hay atajos ni recetas milagro.


Se asocia desarrollo personal a disfrute, a acaricia el ego. No se incentivan la participación ciudadana, los cambios sociales, la honestidad, el compromiso…

Mas todo esto no siempre lo podemos conseguir solos, a veces necesitamos a los demás. No se nos enseña a crear y fomentar redes de apoyo que cubran nuestras necesidades de contacto y nos sirvan de sostén ante las crisis.

Si alguien está pasando por un mal momento, lejos de inculcar el amparo, la colaboración, se tiende a pensar que algo habrá hecho, que no se esfuerza lo suficiente, que es un blando o un vago. La solidaridad y el apoyo mutuo están desvalorizados.

5.- El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.

Cada vez dedico más tiempo en terapia a realizar psicoeducación orientada a desmontar mitos, prejuicios, creencias erróneas sobre supuestos problemas psicológicos que en realidad no lo son. Aumenta el número de personas que solicitan mi ayuda porque sienten que han fracasado al no saber sobrellevar problemas como despidos, muertes de familiares, rupturas sentimentales… Cuando lo único que ocurre es que su malestar es coherente con lo que les rodea. El dolor es inevitable en esas circunstancias, la precaución debe ir en que no derive en sufrimiento innecesario.

Ante esta avalancha de felicidad sienten culpa o vergüenza por no ser capaces de lucir radiantes, optimistas ante esos hechos y no encontrar la suficiente motivación para alegrarse.

La dictadura de la felicidad convierte ser feliz en un logro, una meta, y si no se consigue, conduce a pensar en que se es alguien imperfecto, indigno e indeseable.

Se nos invita a evitar los conflictos, a inhibir las emociones dolorosas, poniendo nuestra salud mental en peligro.

A veces esos problemas personales derivan de problemas sociales, a cambio se propone pensar en positivo y sonreír en lugar de unirnos, reivindicar, exigir, requerir, actuar, movernos, ser responsables... para no perder derechos, tener tiempo libre, conciliar, tener vida privada, no dejarnos abusar y tener un salario justo, por ejemplo.

6.- No siempre se logra lo que se desea.

Tengo la sensación que a medida que se extiende la dictadura de la felicidad aumenta el sufrimiento de la gente. No encuentran lo que buscan porque es un ideal inalcanzable. No podemos estar felices todo el tiempo. A veces hay que empezar por aceptar el dolor que nos rodea y sentimos.

Reconocer nuestras vulnerabilidades, lejos de hacernos más débiles nos hace más fuertes. Nos encamina a buscar soluciones, a compensar. Conocer todas nuestras facetas nos empodera Rompe con la dictadura de la felicidad y con el que todo debe ser guay todo el tiempo. Cometer errores es una maravillosa fuente de aprendizaje si nos permitimos fallar y aprender de ello.

El pensamiento un tanto simplista de si lo piensas puedes hacerlo, nos puede llevar a asumir demasiados riesgos. No viendo las señales de alarma de que algo va mal, no haciendo una evaluación de nuestras capacidades coherentemente, no se reevalúan los proyectos, no se evalúan los peligros… Total, si quieres puedes lo que te propongas.

¿Qué podemos hacer?
Las desigualdades sociales, son uno de los principales factores de riesgo para sufrir enfermedades, incluidas las enfermedades mentales.

Incentivar el utilitarismo y el positivismo en detrimento del pensamiento crítico y creativo, contribuyen a que los problemas serios de la vida se banalicen y se simplifiquen al absurdo.

Si en lugar de buscar respuestas rápidas, nos dedicamos al autoconocimiento profundo, a fomentar la responsabilidad personal; invertir en promover nuestros recursos personales, seguramente no nos lleve al éxito fulgurante pero nos hará más autónomos y menos dependientes y manipulables. Realmente significa hacernos responsables, aceptar que hay partes de nosotros que no nos gustan, que no funcionan como quisiéramos. Entraña conocer nuestras limitaciones. Implica afrontar situaciones desagradables. Pasa por mirar cara a cara a los problemas, aunque eso nos suponga estrés y angustia. Supone no huir de lo que nos tortura y colocar lo que está descolocado.

Significa cambiar la estética por la ética. Y comprender el concepto de humanidad compartida, es decir, que en cierta forma todos estamos conectados y que la felicidad y el bienestar son un producto de la armonía social. El encuentro de la prosperidad personal pasa por dejar de sentirnos separados unos de otros, para en su lugar reconocernos necesidades de supervivencia y bienestar compartidas. Todo esto sería imposible sino reconocemos nuestro propio sufrimiento y el de los demás, algo que este movimiento “flower power“ no parece concebir.

Este artículo está basado en otro que escribí para la revista Mente Santa, publicado en el nº 137 Titulado "¿Hay qué estar siempre bien? La Tiranía de la Felicidad.

sábado, 7 de abril de 2018

Lo que NO es Mindfulness. Aclarando conceptos.





Últimamente mindfulness es la palabra de moda. Usada por unas personas como una especie de solución para todo, y por otras como sinónimo de placebo o algo inútil. Se usa de manera tan indiscriminada que lo que encontramos es mucha confusión, lo que es una verdadera lástima, ya que muchas personas lo desprecian y desdeñan por mero desconocimiento o por hartazgo, en cualquier caso, por causas ajenas a lo que es en sí el mindfulness. 

Hay personas que se acercan a estas técnicas llevados por la dictadura de la felicidad imperante, esperando una receta mágica y a ser posible de acción rápida, pensando que su malestar va a desaparecer de la noche a la mañana, y eso es bastante desacertado. Estamos en un momento en el que todo se mercantiliza, la felicidad no es una excepción. Se ofertan un montón de opciones que se exhiben como en un escaparate para lograrla. Parece como si lo que nos tuviera que hacer felices tuviera que venir de fuera, y no tuviéramos que hacer ningún esfuerzo. Yo compro felicidad y la recibo, simple, rápido y sencillo. Por eso no se logra comprender la esencia del mindfulness. 

Cuando hablo de mindfulness, bien en mis talleres, bien en redes sociales, o charlando con pacientes o conocidos, me doy cuenta que la mayoría de las veces la conversación se centra en desmitificar lo que es el mindfulness o la atención plena. Su popularidad ha hecho que existan considerables ideas erróneas. 

Por eso me he decidido a escribir sobre ello, sobre lo que NO es mindfulness. Me parece muy importante desterrar estas ideas incorrectas, que lo único que hacen es crear falsas expectativas que acaban siendo el caldo de cultivo para la desmotivación y frustración. 



¿Qué NO es mindfulness? 


1.- No es evasión de tu realidad. El mindfulness es la disposición a ver las cosas tal cual son, aunque duela. Meditar no es huir de la realidad. Es hacernos conscientes de ella. No se puede cambiar ni gestionar lo que no se conoce. Por eso se persigue ser más consciente a la experiencia, tanto interna como externa, ya sea esta positiva, negativa o neutra. 

2.- No es resignación, pasividad o desesperanza. Si partimos de las premisas auténticas de una forma consciente, es más fácil que actuemos de una forma más adecuada en función de las circunstancias que nos rodean. Es aprender a vivir con intensidad y honestidad cada experiencia, momento a momento. 

3.- No es una nueva religión. No se pelea con ninguna creencia. La atención plena es una capacidad humana, y por lo tanto no es del dominio de ningún grupo religioso ni filosófico. 

4.- No es entrar en trance ni éxtasis. No se trata de abandonar o alterar la experiencia, sino de vivirla de una manera más lúcida. 

5.- No es un analgésico que se use para huir del dolor. Se trata de aprender a estar con el dolor, disminuyendo poco a poco la resistencia psicológica ante él. La lucha por evitar el dolor suele provocar el efecto contrario, intensificándolo, dando lugar al sufrimiento. Con el mindfulness los componentes emocionales y cognitivos asociados al dolor pueden disminuir, aunque el registro de dolor en sí mismo no varíe. Se aprende a diferenciar entre sensación del dolor y malestar o sufrimiento. 

6.- No es dejar la mente en blanco. Se trata de ser conscientes del contenido de nuestros eventos mentales. No se trata de no pensar en nada, más bien al contrario, es llevar la atención a nuestros pensamientos, sin intentar bloquearlos ni luchar por evitarlos para que no cobren más fuerza. Intentar no pensar en algo es pensar en ello dos veces. Se trata de comprender que los pensamientos son solo eso, no la realidad externa. Se trata de desidentifcarnos de ellos, entender que somos más que nuestros pensamientos. 

7.- No es una técnica de relajación, aunque a veces se logre la relajación y la calma. Uno de los principios del mindfulness es ir con mente abierta, abrirnos a la experiencia y no buscar resultados concretos. La practica del mindfulness en un momento dado nos puede conectar con ansiedad, miedo, rabia u otras emociones o sensaciones inesperadas. 

8.- No es pensamiento positivo. De hecho, es no pensamiento, es aprender a observar los eventos mentales de manera pasajera, sin juicios. No se trata por tanto, de vivir con mayor intensidad los momentos agradables, o de provocar pensamientos placenteros, sino de aceptar la existencia tal cual es. Huir de una vivencia porque esta es desagradable solo genera malestar. 

9.- No es buscar la beatitud, el nirvana ni ningún estado de gracia. Se atienden y aceptan tanto los eventos agradables como desagradables cuando surgen. No es un fracaso experimentar aburrimiento, irritabilidad, o malestar en la meditación, son experiencias que van y vienen como las agradables. 

10.- No es eludir las emociones negativas. Se observan todas la emociones con toda su viveza, incluidas la difíciles, en lugar de poner en marcha distracciones. 

11.- No es individualismo ni egoísmo. El mindfulness va acompañado de ciertas actitudes como la amabilidad, generosidad, paciencia, no juicio, confianza, mente de principiante, compasión, que, a parte de ser actitudes ante la propia vida, se tiene en cuenta a los demás, proponiendo una actitud de humanidad compartida, y una disposición hacia la conexión con los demás. Se promueve que la actitud en la práctica formal se extienda como una actitud vital, siendo más compasivos y más comprometidos con todo y todos los que nos rodean. 





Espero que estas breves pinceladas ayuden a vislumbrar un poco de luz sobre este cada vez más popular concepto que es el mindfulness. Que una práctica se popularice es positivo, puesto que más personas se pueden beneficiar. La parte negativa, es que se puede desvirtuar, tergiversar y acabar siendo irreconocible. El mindfulness requiere práctica, dedicación y compromiso. Por eso, si quieres una solución rápida, no tienes paciencia, no vas a ser constante, te da miedo o pereza autoobservarte, si buscas una solución para ser feliz, esto no es para ti. Busca otras opciones y no pierdas el tiempo con el mindfulness. 

Si por el contrario, tienes curiosidad, disposición para conocerte y tolerar la experiencia, y no esperas objetivos a corto plazo sin esfuerzo te invito a que te acerques al mindfulness y la meditación de la mano de alguien bien formado y con experiencia, creo que no te arrepentirás. 



domingo, 14 de enero de 2018

¿Por qué justificar el acoso? El peligro del “doble vínculo”.



Mucho se está hablando sobre si hay una ola de feminismo puritano y victimista, sobre todo al considerar que el feminismo está reaccionando exageradamente al quejarse porque los hombres “importunan” a las mujeres.

Todos los argumentos que se están esgrimiendo me resultan sumamente contradictorios. Esto me hace recordar la hipótesis del doble vínculo o doble constreñimiento, que el antropólogo Gregory Bateson propuso, para explicar la esquizofrenia y otras psicopatologías graves en el seno de las relaciones familiares. Los dobles vínculos son dilemas comunicativos provocados por la contradicción entre dos o más mensajes que recibe una persona. Los mensajes van en una dirección y la contraria. No hay salida posible, se haga lo que se haga está mal. La persona está destinada a equivocarse, o a fracasar.


Los mensajes contradictorios que veo que llegan, sobre todo a las mujeres son:

→ Denuncia los acosos, los abusos, el maltrato, y a la vez, si te quejas o denuncias eres una victimista, que no ha sabido defenderse o una puritana.

→ Los hombres no son acosadores por naturaleza, y a la vez, los hombres tienen unos grandes instintos sexuales que les lleva tomar la iniciativa y a insistir.



→ Cualquier mujer es libre de ir donde quiera, y a la vez, ten cuidado por donde te mueves y a que horas.

→ Respetate y hazte respetar, y a la vez, no es para tanto que te manoseen o se froten contra ti en el metro.

Y así un largo etcétera.

Todo esto genera indefensión e inseguridad.

Pensemos, por ejemplo, en todos los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados que reciben camareras de planta, de bares y cafeterías, y que “cómo el cliente siempre tiene la razón”, calla por miedo a perder su trabajo. Se justifica y se minimiza, si total no es para tanto. Eso, día tras día acaba afectando. Sobre todo cuando no concuerda el asco y la repulsa que siente ante esos actos con el repunte justificativo de dichas conductas que hay últimamente.

Esto no ocurre solo ahora. Las mujeres recibimos mensajes contradictorios continuamente.

Por ejemplo ante los abusos sexuales y las violaciones:


→ Ante una agresión sexual o violación se insta a denunciar, por el contrario, vemos como cada vez que hay una noticia de una violación, a la supuesta víctima se la juzga, critica y hasta se discute que siga con su vida.

→ Expertos en diversas áreas recomiendan no oponer resistencia ante una violación. Más tarde, se exculpa al supuesto agresor porque la supuesta víctima no opuso la suficiente resistencia.

→ Si una víctima de abusos sexuales o violación continúa con su vida se duda de la severidad de los actos sufridos. Si se muestra desvalida o traumatizada, que es una victimista o una blanda.

→ Si no se denuncia, se contribuye a que un violador siga suelto, si se denuncia, se pone inmediatamente en duda, y se califica por algunas personas de denuncia falsa.

→ El acoso o la violación es un acto atroz, pero sin embargo quien debe tomar medidas para que no ocurra es la posible víctima, cuidando de no ir por lugares oscuros, yendo acompañada...

Todo esto es bastante perverso y dañino. Si nos defendemos porque nos defendemos, si no lo hacemos, porque no lo hacemos. Si denunciamos porque lo hacemos. Todo se cuestiona. El doble vínculo está muy presente. Y no olvidemos que Bateson lo hipotetizó para explicar la esquizofrenia, algo muy grave.

No he sometido a investigación estas ideas, y sinceramente desconozco si alguien lo ha hecho. Lo que sí puedo decir es que trabajo con personas abusadas sexualmente y/o maltratadas, y os puedo asegurar que los efectos son desgarradores. La vida de esa persona da un vuelco. Se rompe la confianza en sí misma y en los demás. Una parte del sufrimiento deviene de esos mensajes contradictorios, ¿me defendí lo suficiente? ¿pude provocar eso yo? ¿no estaré exagerando? Quizá no fue para tanto…

Quien haya trabajado o conocido a alguien víctima de algún tipo de abuso, sea bullying, mobbing, violencia de género, agresión sexual…, habrá visto el estado de indefensión que se llega a tener. A veces no denuncian, no saben qué hacer porque siempre hay alguien en su entorno que justifica o banaliza lo que ha ocurrido.

Creo que ya va siendo hora de eliminar dobles mensajes que paralizan y lanzar uno claro liberador.



Los hombres no son acosadores por naturaleza, no tienen impulsos sexuales incontrolables, por eso mismo, no creo que tengan necesidad de importunar para relacionarse con las mujeres. Habría que poner el foco en que las mujeres no somos las que deberíamos tener que defendernos, sino que no deberíamos ser atacadas.

Ya sea rozar una pierna, pedir un beso o invitar a un poleo menta de manera descontextualizada y/o insistentemente, si me molesta y digo que no, y la otra persona insiste es acoso. Si él insistente porque dice que no puede parar, que se lo haga mirar, porque los hombres sí pueden controlar sus impulsos, para eso la evolución nos dotó de una corteza prefrontal estupenda. Que no se tache de victimistas a las mujeres por no querer seguir su juego. No vale lo de los hombres es que son así y no pueden evitarlo. Si no pueden, es que tienen un claro problema de control de impulsos.

Vale ya de justificar abusos, ya sea tachando a la VICTIMA de buscona por provocar o ahora de victimista o puritana por exagerar. NO, vale ya de poner el foco en la parte abusada, y señalemos a los abusadores.

Si no se tiene clara la línea entre lo consentido y lo no consentido, mejor parar. Y si esa línea la marca la otra persona, parar es obligatorio.

Rechazar avances sexuales no deseados no es puritanismo, es saber decir que no, es ejercer la libertad de elección. Es protegerse.

Socialmente deberíamos empezar a dar mensajes claros y sin contradicciones.

- Si la persona con quien tienes sexo te dice para, PARA. Aunque tenga las bragas o calzoncillos bajados.

- Si la persona con quien tienes sexo empieza a llorar, PARA.

- Si la persona con quien tienes sexo está inconsciente, PARA.

- Si la persona con quien tienes sexo se queda paralizada, PARA.

- Si la persona con quien tienes sexo intenta quitarte de encima, PARA.

- Si has tenido que drogar, golpear, quitar la ropa a la fuerza sin pacto previo, para tener sexo, PARA.

- Si con alguno de los indicios anteriores sigues teniendo sexo, es un delito, y grave.

Claro, directo, conciso y sin contradicciones. No hace falta más.